“Pregúntale a ese que sabe de computadoras” ¿No les suena esa frase?

Profesor Pablo Arreche/ agosto 14, 2018/ curiosidades, Servicios/ 0 comments

Hace varios años, leí un artículo llamado “El Pringao Informático” de Sergio Romero que hablaba sobre un tema que todos a quienes nos gusta o trabajamos en Informática hemos vivido. Pringao o pringado es un término español para referirse a alguien que se deja engañar fácilmente, una persona de la que se abusan sin mayor dificultad.

Para los informáticos, es muy común que se nos pida y hasta casi exija que hagamos de todo: servicio técnico, soporte, instalación de programas, configuración de equipos, de conexiones a Internet, smartphones y todo tipo de cosas tecnológicas porque al parecer es nuestra obligación moral o porque “nos gusta” y lo hacemos por “amor al arte”.

Y aunque hay personas honestas y comprensivas de que es nuestra profesión y así lo toman y uno agradece esa confianza, también hay muchos otros conocidos, familiares, amigos, vecinos y perfectos desconocidos que hasta por teléfono quieren que hagamos trabajos y se ofenden si no resolvemos todo de forma eficiente y por supuesto, gratuita.

¿Y a qué viene esto? A que en mi caso personal, teniendo 20 años de trabajo en el área tanto a nivel técnico, de soporte y de docencia, aún hoy me encuentro con situaciones que más que desagradables, rozan lo increíble y gracioso.

A continuación les cuento una historia que viví hace pocos días:

Recibí un llamado de una persona a la que hace varios años le había dictado un curso de Informática para un organismo estatal. En mis clases, más allá del tema, generalmente menciono GNU/Linux, con sus características y ventajas, ya que es un tema que me gusta compartir para mostrar otras opciones a los estudiantes. Quien me llamó recordaba esas charlas y me consultó si trabajaba con Ubuntu y realizaba instalaciones, que cuanto cobraba y si iba a domicilio.

Le expliqué que sí, que lo hago, pero para determinar que costo tiene una tarea, primero debo saber que realmente necesitan, en que hardware se realizaría la instalación, si era compartiendo con otros sistemas y muchas variables más. Por eso deberíamos conversar más en detalle para poder ver cuál sería el trabajo a realizar.

La persona me pidió el teléfono y me indicó que su esposo llamaría en la tarde para contarme mejor, ya que él era quien estaba en el tema. Esto fue un viernes. Pasó la tarde y nunca se comunicaron; claro está que más allá de lo hablado no había ninguna obligación, así que ningún problema.

Y aquí comienza lo bueno: el sábado cerca del mediodía recibí un llamado (claro, los Informáticos tenemos guardias los fines de semana y estamos a disposición). La persona dio su nombre e inmediatamente me dijo si me podía hacer 2 consultas, las que luego dijo eran 3 (nada de preguntar si trabajo de esto, si cobro, si es molestia, etc…).
Me contó directamente que había bajado una versión de Ubuntu y que no pudo copiarla correctamente a un pendrive, tampoco copiarla directamente en una partición creada en un disco duro de un PC. Me pidió que (y todo a modo de asistencia telefónica):

  1.  Le explicara como bajarla correctamente, que herramientas usar para instalarla en un pendrive desde Windows y como instalar herramientas equivalentes en Linux (ya que sus hijos usaban equipos del Plan Ceibal con Ubuntu 12.04 preinstalado).
  2. Le contara como instalar y configurar el sistema operativo para que funcionara en un booteo dual con Windows.
  3. Le dijera también si el hardware (que pasó a detallarme) era compatible y podía hacerse la tarea.

La consulta se convirtió casi en exigencia, ya que insistía en que le dijera cada detalle (porque claro, nuestro tiempo y conocimientos no valen nada). Me contó que esta instalación sería en un PC con procesador i7, con 16 GB de RAM, placa muy potente del tipo “Gaming” y un disco en estado sólido de amplia capacidad. Que también contaba con otro disco duro y además una unidad externa de respaldo. Por su ocupación, trabajaba en la computadora con Autocad y por eso necesitaba mucha potencia. Para ponernos en contexto, solo una aproximación al precio del hardware que me nombró ronda entre los 1500 a 3500 dólares en Uruguay, que son entre 48.000 y 112.000 pesos uruguayos, como pueden en estos ejemplos de Mercado Libre: ejemplo1 y ejemplo2.

Pasados varios minutos le expliqué que lo que podía ofrecerle era instalar y conifgurar Ubuntu junto a su sistema Windows y dejar todo configurado a un costo de 1500 pesos uruguayos (47 dólares). Para dar una referencia, unos jeans o un par de zapatillas (championes en Uruguay) cuestan sin problemas 100 dólares (3200 pesos).  Inmediatamente cambió el tono de voz y me dijo que tenía que pensarlo, ya que el precio era una variable importante. No conforme, también me aclaró que él sabía hacer particiones y que Ubuntu ya viene con un Office y un navegador Web, asi que si yo se lo instalaba no tenía mucho que configurar y me afirmó incluso que no era mucho trabajo de mi parte (claro, el trabajo que hacemos es una tontería que cualquiera puede hacer, no sabemos casi nada y encima queremos engañar a la gente).

Además, me aclara luego que omitió decirme que tampoco tenía Windows instalado, así queme inidicó que tenía que conseguir e instalar una copia (ya me aclaró que era para la casa, así que era una copia “dudosa”) de Windows y en lo posible Windows 10 (claro, un pequeño detalle, además tenía que instalar y configurar un Windows 10 pirata como parte del trabajo. Algo sin importancia para hacer un presupuesto).

Ya cansado y pensando en que quería ya estar haciendo otra cosa, le comenté con toda paciencia que para instalar y configurar ambos sistemas en ese PC, le cobraba 2000 pesos (63 dólares). Este “abuso” terminó de decidir al hombre, que me indicó con voz ya totalmente negada que tenía que pensar en esto (podemos pagar un equipo de más de 100.000 pesos pero ni hablar de pagarle a este ladrón que quiere cobrar 63 dólares por hacer que funcione, porque sin sistema no hay hardware que valga). Terminó la comunicación de forma educada indicando que tal vez luego me llamaría; por supuesto no hay que ser adivino para saber que eso no pasó.

¿Por qué cuento esto? Porque quiero ayudar y compartir. Para que los más jóvenes que comienzan su andadura en esta carrera (ya sea como técnicos, diseñadores, ingenieros, analistas, docentes, programadores, etc…) no se dejen desvalorizar y abusar por las personas que quieren solo sacar ventaja y despreciar sus habilidades.

Nuestro tiempo y nuestros conocimientos valen. Tanto como los de cualquier otra profesión. ¿Acaso llaman a un arquitecto para que les haga un plano gratis? ¿Le piden a una enfermera que los cuide a domicilio porque sí? ¿A un contador que calcule sus gastos solo porque le gusta trabajar de eso? ¿Le dicen a un albañil que les explique como construir una habitación y los asesore paso a paso sin pensar en que es su trabajo? No, nadie lo hace. Y así podría seguir con miles de ejemplos.

Somos informáticos y nos formamos para ello. Si un problema lo resolvimos rápido, no es porque sea una tontería, es porque estudiamos y sabemos como  hacerlo. Y eso, como en cualquier profesión, nos da derecho a ser valorados y remunerados por nuestro trabajo.

Así que gracias a quienes nos valoran y respetan ya que nos permiten ejercer esta profesión que tanto nos gusta. Y a quienes todavía no lo tienen claro ya saben ¡No somos pringados!

 

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